No es un lugar maravilloso pero tampoco el peor del mundo; solía pasar allí sus veranos y fines de semana varios, como no, obligada por sus padres. Era una niña espontánea, libre y alegre pero sólo en su intimidad, con quien se permitía serlo.
Ya de por sí era un pueblito pequeño sin mucha gente y eso hacía que no se pudieran tener muchas amistades, de todas formas a ella le gustaba la soledad y ello no suponía ningún problema.
Mucha gente piensa que los niños son inocentes o inofensivos, pero por lo menos la relación que ella mantenía con los pocos niños de allí era puro trámite, eran pocos y había que entretenerse, interés a más no poder.
Más adelante comenzó a relacionarse con otro tipo de gente, se trataba de una amistad sincera, lo más probable es que todos fuesen allí en busca de evasión, de todos los problemas y agobios de la gran ciudad y volver a ser niños durante un corto período de tiempo; sin embargo el tiempo pasa para todos, se hacen mayores, unos maduran y les gustan cosas distintas, otros maduran pero siguen siendo igual o con algún vestigio de lo que antes fueron; muchos no van o van poco, otros nunca, algunos siempre, y un día la no niña se dio cuenta de que ya nada sería como antes, que la gente cambia y tiene otros gustos, que no a todo el mundo le gusta tumbarse en lo alto del monte o en la cuesta más alta del pueblo a mirar esas brillantes y pequeñas estrellas que iluminan el cielo y que en la gran ciudad no pueden admirarse; se dio cuenta de que eso que parecía un escape para ella se había convertido en algo superficial, vacío y que nadie le da importancia al pasado y los tiempos anteriores , aunque también se ha dado cuenta que vive en el pasado por miedo a enfrentarse al presente y el futuro, y aún sabiéndolo le da igual, cualquier tiempo pasado fue mejor.
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